
¿Por qué es tan importante el sexo? Muchos responderán: porque es placentero y nos hace sentir bien. Y entonces, ¿por qué hay tanta gente insatisfecha sexualmente? ¿Por qué hay tanta ansiedad alrededor del tema? ¿Qué funciona mal en la ecuación?
Logramos hacer el amor, tener relaciones sexuales, coger, copular, echarnos un polvo, pero nunca estamos satisfechos. Tenemos miedo de tenerlo, de perderlo, de hacerlo, de hacerlo mal, de hacerlo poco, de hacerlo mucho, de no hacerlo.
En primera instancia, se nos exige que seamos otros para poder acceder al placer. Entre la censura y la industria del sexo, éste se ha llegado a convertir en una quimera, en algo inaccesible, no en lo real, sino en lo simbólico.
Hay una hiper-sexualización en el entorno, estamos bombardeados, exigidos y sometidos al discurso de una sexualidad exacerbada en la palabra, en la imagen y en la acción. El sexo ha invadido casi todo los espacios de nuestra vida. Vivimos en un momento en el que los discursos acerca de la sexualidad estallan en nuestra cabeza. Mucho de lo que pensamos tiene que ver con sexo. Muchas veces al día, de muchas maneras y a veces sin darnos cuenta. Todos queremos sexo, pero poco sabemos que queremos cuando lo deseamos.
Por eso, cuando llegamos al sexo quién llega no es la persona es el personaje que creamos de nosotros. Y nos perdemos entre la realidad y la fantasía, entre la idea y la acción. Entre el ser y el deber, entre la moral y el deseo.
Entonces, ¿qué estamos haciendo cuando lo hacemos?
Hacemos el amor, tenemos placer, obtenemos poder; hacemos familia y estabilidad, felicidad, salud, diversión, pecado, enfermedad
Entonces, ¿qué estamos haciendo cuando lo hacemos?
Hacemos el amor, tenemos placer, obtenemos poder; hacemos familia y estabilidad, felicidad, salud, diversión, pecado, enfermedad
Se tiene sexo por motivaciones ajenas al mismo, se busca en el sexo la respuesta a nuestras vidas. Hacemos una serie de asociaciones con éste, que es difícil encontrar el principio básico del sexo: PLACER. El sexo puede ser consecuencia del amor o puede despertarlo, pero no es en sí mismo amor. No hemos descubierto las trampas, los mecanismos o las envolturas que nos presenta el instinto representado por el sexo. No hemos aprendido a diferenciar entre nuestras sensaciones, emociones y sentimientos.
Por principio, el sexo nos debería regresar a nosotros, a nuestro cuerpo. Y a partir de allí todo sería mucho más sencillo.












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